ARDE CANARIAS

Me encanta mirar el fuego, en invierno puedo pasar horas con la mente en blanco delante de una chimenea observando el mágico baile de las llamas crepitando, el fuego tiene algo de misterioso, de hipnótico… fuego sanador, místico, pero también fuego inmisericorde y devastador, que arrasa con todo a su paso.

Y este fuego arrasador es el que he visto estos últimos días de mi estancia en mi querida isla, en mi isla afortunada que parece ha perdido su buena estrella y es pasto del horror y el terror de un fuego que crece demoniacamente sin perdón y sin control devorando a su paso ese vergel paradisiaco de las cumbres canarias.

Mirando ese paisaje aterrador y preguntándome cómo es posible llegar a esa situación, que falla para que por tercera vez en una semana tenga que evacuarse a personas de sus casas, mandar a ciertos de operativos terrestres y aéreos para que trabajen incesantemente y a pesar de todo las llamas continúen avanzando como en una carrera diabólica hacía el pulmón verde de la isla, buscando el jaque mate ecológico y paisajístico.

Y la verdad que en este momento sin respuestas solo queda mirar al cielo, a ese cielo tan azul y  ahora ceniciento y  una vez más  pedirle a los dioses guanches que no permitan que ese fuego devaste sus montañas sagradas, que no permitan que mas incendios expulsen a sus campesinos de sus campos, de sus tierras, que no sea necesario evacuar a más personas ni animales, y después, cuando las cenizas se hayan apagado y la isla vuelva a ser ese paraíso alegre y musical que siempre ha sido, cuando sus habitantes vuelvan a vestirse sus  coloridos trajes y celebren cantando la Virgen del Pino o festejen en el Charco de la Aldea reflexionar… reflexionar mucho…

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