REGALAR ILUSION

Esta mañana al venir a trabajar he encontrado un libro «regalado» encima de una papelera.

En alguna otra ocasión había visto algún otro depositado encima de un banco en un parque, o sobre algún alfeizar, a la espera de esa segunda oportunidad que les concedían sus duelos antes de ser olvidado en alguna estantería o destruido en cualquier contenedor.

Hace tiempo descubrí esta interesante iniciativa de ofrecer consistente en regalar estos libros dejándolos en algún sitio visible de la ciudad antes de relegarlos al exilio de la indiferencia,  con la única condición de que la persona que lo recoja debe a su vez reponer otro ejemplar que permanezca olvidado en su domicilio y de este modo crear una cadena que llene nuestras ciudades de obras a la espera de seguir iluminando el día a alguien.

La gente pasaba a su lado indiferente, en este frenesí de vuelta a la rutina en la que el descanso veraniego parece ya tan lejano nos sumimos en el rol mecánico en el casi nada llama nuestra atención, sin embargo debe haber algún magnetismo inconsciente entre mi persona y la literatura que me ha llevado de cabeza a tener el libro entre mis manos. Era una obra de Perry Mason, una novela policiaca sin pretensiones tan adecuada para los pasados días de asueto, pero me ha recordado a mi madre, tan aficionado a este género y me la he imaginado allí en Canarias estos días ya  casi otoñales sentada en el porche y leyendo ese libro y la imagen me ha hecho sonreír. Esa es la magia de la  literatura¡

Mañana llevaré mi libro olvidado con la esperanza de que Mason me siga esperando y se lo pueda regalar…

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